Permitir que nuestros hijos se familiaricen con las mezquitas a una edad temprana

Durante la «Época de la Felicidad»*, los niños tenían total libertad para ir a la mezquita en cualquier momento que desearan, sin importar la edad que tuvieran. Es una lástima que hoy en día pensemos que estamos violando la santidad de una mezquita por llevar allí a los niños. Así pues, resulta lamentable contemplar que en algunas ocasiones no se ve con muy buenos ojos el que los niños asistan a las mezquitas.

Desgraciadamente, estas personas de mentalidad cerrada creen que están preservando la dignidad de la mezquita al censurar las acciones de los niños. De hecho, lo que están haciendo simple y llanamente contradice la tradición del Mensajero de Dios —la paz y las bendiciones sean con él—. Él aconsejó a los musulmanes que mientras estaban de pie rezando en la mezquita, los hombres permanecieran delante; detrás, los niños pequeños, y a continuación las mujeres y las niñas pequeñas.

Si se respeta este orden de ubicación, los niños serán testigos de la satisfacción y el entusiasmo que muestran los adultos al rezar. De esta forma, ansiarán practicar su religión. Así pues, en lugar de asustarles para que se vayan, debemos tratar de animarles con pequeños regalos, si es posible, para que poco a poco vayan mostrando predisposición hacia la oración. Debemos hacerles amar las mezquitas y sus jardines e intentar siempre esforzarnos para que mantengan la santidad asociada a la mezquita en sus actitudes. Cuando el Mensajero de Dios oraba en la mezquita llevaba a su nieta Umamah sobre su espalda, dejándola en el suelo cuando se postraba y volviéndola a tomar otra vez cuando se levantaba. Este acto es muy importante, ya que es un ejemplo brindado por el Mensajero de Dios, el último guía. El glorioso Profeta nunca utilizó una expresión o mantuvo una actitud que pudieran ser interpretadas como un rechazo a que los niños pudieran asistir a las mezquitas. Por lo tanto, debemos reservar un bello lugar de nuestra vecindad para la construcción de una mezquita y nuestros hogares deben convertirse también en lugares de oración. Así, los niños apreciarán aspectos de la vida en todo lo que existe a su alrededor que les recordarán a Dios. Contemplarán la vida con una piadosa sabiduría; escogerán su camino y caminarán por él con su libre albedrío y su conciencia. Consideremos a su vez las oraciones obligatorias. Cuando un niño es lo suficientemente mayor para rezar, el padre debe tomarle de la mano y conducirle hasta la alfombra de oración de la madre, inspirándole una profundidad espiritual y una fuerte devoción hacia el Islam. Si logramos el resultado esperado, será un gran logro, ya que las oraciones tienen una importancia esencial en lo que se refiere a acercarse a Dios.


* El período de tiempo correspondiente a la vida del Profeta Muhammad —la paz y las bendiciones sean con él—.

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